sábado, 11 de mayo de 2013

La Reina, by Mery



Es de noche: el monasterio
que alzó Felipe Segundo
para admiración del mundo
y ostentación de su imperio,
yace envuelto en el misterio …

Aquella noche venían a mi mente esas estrofas rítmicamente una y otra vez. Estábamos detrás de la gran construcción de piedras protegidas por el foso que habían creado nuestros antepasados para protección de los moradores.

.. y en las tinieblas sumido

Hundidos en la niebla de la noche que aquel día comenzó temprano, casi con el atardecer llegaron las primeras nubes y las primeras llovizna que como un buen augurio nos protegían de aquello que estaba enfrente.

Los caballos inquietos relinchaban atados a los palenques, ensillados para el momento de la partida. Las cinchas flojas esperando a ser ajustadas por esos hombres entrenados desde su nacimiento para enfrentar aquel momento, se podía oler el miedo de las bestias.

Cuando se abrieran las puertas y  bajara el puente levadizo. Caballos y cabalgaduras se fundirían en un conocimiento como el de los amantes en el momento del amor descontrolado adolescente.

Desde donde estaba sentado en las escaleras los veía pasar ataviados con sus vestiduras que ya no tenían el resplandor de otros tiempos.

Se escuchaba el chocar de los metales, los petos, los cuchillos, las espadas.

Los herreros al calor de sus forjas, mugrientos, desarrapados, transpirados , trabajan desenfrenadamente contra el tiempo para tallar aquellas armas que volverían con el sabor de la gloria en la boca; o serian entregadas con dolor, entre lagrimas sucias de sudor, tierra y sangre con el fracaso inmerso hasta los huesos.

Venían el resto de las estrofa del aquel poema, las evitaba.

El sonar de las campanas que tañían denodadamente por el resoplar del viento huracanado que aquella noche comenzó como un murmullo, se hacia insoportable aunque nadie parecía escuchar.

Ese viento era beneficioso para las naves que estaban escondidas en el recodo que hace el mar detrás del Monasterio a la espera de desplegar las velas.

Los marinos salieron con el caer de la tarde, protegidos por la niebla. Iban en silencio, uno detrás de otro en formación rígida a ocupar sus puestos con el orgullo marcado en el rostro, en su marcha pisotearon los jardines cuidados con ahínco por orden del abad, que disfrutaba el sentarse a leer bajo los rayos del sol de la primavera que se había ido, dejando paso a un invierno tórrido.

Los perros caminaban, olfateaban con las orejas gachas y el rabo entre las patas, estaban asustados, no entendían que pasaba en ese lugar habitualmente tranquilo.

Todo comenzó cuando la reina se negó rotundamente a entregar a su hija mayor como esposa del hijo del rey de las tierras mas allá de los mares, esa unión generaría una alianza que habría sido repudiada por el pueblo. Lo habían intentado por generaciones y siempre les fue negada la mano de las hijas del reino. En tiempos de reyes hombres cuando el imperio era el mas poderoso entre los reinos, ningún otro soberano se hubiese permitido si quiera pensar una guerra, porque sabían que iban a una derrota segura.

Ahora desde que la reina Ana estaba en el sillón del trono las intrigas eran carne corriente en palacio, cada uno intentaba sacar su propia tajada. Fue uno de los consejeros el que trajo la propuesta de la alianza argumentando que nos beneficiaría con las debilidades del reino, que en este momento no tenía el esplendor de otros tiempos. Desde hacia dos años las inclemencias climáticas hicieron que las tierras quedaran magras, ya no se veían los campos sembrados cuando cruzabas los caminos. Estábamos consumiendo nuestras últimas reservas de granos. Veíamos morir los animales sin poder hacer nada, porque esos pastos duros los envenenaban.

Aquella mañana tres águilas sobrevolaron el Monasterio y Palacio, buenos augurios.

.. de nuestro poder, ya hundido.
Ultimo resto glorioso,
Parece que esta el coloso
Al pie del monte, rendido…

Todos pensaban que la reina era débil, influenciable, que desconocía lo que estaba sucediendo, que únicamente le preocupaban sus vestidos, porque cuando le planteaban los problemas que estábamos teniendo ella no respondía nada, solo sonreía, luego les decía ustedes son inteligentes todos, reúnanse para encontrar la mejor solución. Ustedes son los nobles del reino , los que hicieron que llegáramos a ser lo que fuimos, los que acompañaron a mi padre en su gobierno. Ustedes son los que me darán los mejores consejos y así los mantenía casi en reunión permanente , tejiendo y destejiendo madejas de intrigas y maquinaciones.
Luego de una de esas reuniones apareció la propuesta de casamiento de la hija mayor de la reina, Alegra, con el hijo del rey Hermes.
Los que estábamos cerca de la reina sabíamos que ella les dejaba pensar que era tonta y la llevarían a hacer lo que ellos quisieran. Lo que pocos conocían era que Ana fue preparada por su padre en las artes de gobernar.
Después de muerta su esposa, mujer a la que el rey amo con locura, decidió no volver a casarse a pesar de la insistencia de todos. Con su mujer habían tenido solo una hija , insistían porque querían un varón para que heredase.

El rey había hecho preparar una habitación para la pequeña Ana lindera a la suya y se comunicaban por una puerta de la que pocos sabían de su existencia, estaba disimulada por una gran biblioteca. Solo el rey y después con los años Ana, tenían la llave. Todas las noches el rey esperaba que las doncellas acostaran a Ana y él se presentaba en su habitación donde la entrenaba en la lides de gobernar, lo hizo hasta su último respiro. Cuando Ana creció discutía con ella todos los asuntos del reino.

Ella estaba al tanto de todos y cada uno de los secretos de su padre, sabía perfectamente quien era quien, donde residía el poderío que los había hecho fuertes e invencibles. Por eso, desde que comenzó la crisis, los mantenía a todos en reunión permanente, ella estaba informada de todo lo que se tramaba en esas reuniones, tenía informantes, pocos, pero estaban mezclados entre los miembros del consejo, estaban mezclados entre el pueblo.

Cuando su padre murió transformo su dormitorio en salita de té, nadie se preocupaba cuando éramos invitados a pasar la tarde con la reina a degustar exquisiteces, ella hacia salir a sus doncellas con cara pícara y nos quedábamos solos, así lográbamos trasmitirle información sin que nadie sospechase. Por eso, se enteró antes que nadie del la unión que le propondrían, el objetivo era sacarla del trono para fuese ocupado por su primo Aristóbulo uno de los grandes conspiradores ,él estaba a cargo de la armada real.
Aquella noche como otras noches, se vistió con ropas de aldeana, llamo a Isaías quien estaba a cargo de las cuadras, le pidió que preparara su caballo negro y lo sacara subrepticiamente de palacio como lo había hecho otras tantas noches desde que Ana estaba en el trono.,y como antes había hecho su padre.

Esas noches esperaba que todo estuviese en calma, que no se escucharan mas ruidos y salía por uno de las pasadizos ocultos que estaban debajo de las construcciones de palacio, ese era uno de los secretos que solo lo conocían quienes habían sido reyes, y se trasmitía entre generaciones, desde allí se llegaba al Monasterio o se salía de los límites de palacio. Esos pasadizos eran usados por los reyes para ir a visitar a los magos, los grandes y reales asesores del reino desde hacia siglos, otro de los grandes secretos. Ellos habían sido los responsables de las grandes decisiones reales.

Muchas veces los gobernantes tomaban decisiones que nadie esperaba, que contradecían los dichos del consejo, y nadie se explicaba el porque. La respuesta: lo que el oráculo aconsejó.

En esas andazas cabalgaba conmigo que la esperaba montado con las riendas del caballo en la mano, cuando llegamos la estaban esperando, como siempre que Ana llegaba, ellos sabían.

Salió tres horas después, teníamos que llegar antes que amaneciera, no dijo una sola palabra en todo el recorrido, cabalgamos sin espiro hasta llegar a la puerta que la llevaría a sus habitaciones, estaba amaneciendo. Esa mañana la llamarían a reunión de consejo para comunicarle las buenas nuevas.

Cuando se presentó ante el consejo estaba sonriente, como se presentaba siempre, simulando una inconciencia de todo lo que estaba pasando, saludo con amabilidad y se sentó en su lugar en la cabecera de la mesa. Fue Aristóbulo el encargado de trasmitirle las conclusiones a las que habían llegado dijo: luego de mucho discutir y conversar entre nosotros creemos que es conveniente dadas las condiciones en que hoy se encuentra el imperio que sean aceptado el ofrecimiento que tan generosamente nos ha hecho llegar el rey Hermes, él ofrece para ayudarnos a salir de esta crisis dándonos generosamente granos, animales y alimentos para nuestro pueblo, a cambio sólo quiere que cedas la mano de tu hija Alegra para que se case con su hijo, con esta alianza se aseguran tanto tu como él tener el territorio mas grande del mundo.

Cuando Aristóbulo termino su discurso, Ana les preguntó, y si me niego a esa alianza? Que sucederá?. Estaba vez respondió Francisco el responsable de los impuestos, atacarán, conocen nuestras debilidades, saben que seremos vencidos en la primer batalla. Perderíamos las tierras por las cuales tu abuelo y luego tu padre gobernaron con orgullo. Si cedemos a sus requerimientos nos aseguramos seguir como hasta ahora, cada uno en su trono hasta que tu mueras y tu hija te herede.

Tu me aseguras que solo porque aceptamos una alianza de matrimonio Hermes aceptará darnos comida sin límite hasta que nos recuperemos de esta crisis y para eso no sabemos cuanto falta. Dijo Ana y prosiguió: Según me dijese mi padre nuestras tierras son las mas productivas, ellos apenas pueden sembrar en el 40% de su territorio, como hará para alimentar su pueblo y el mío?, además entiendo que solo tiene ovejas y las están matando porque estos malos tiempos también han llegado a sus tierras, sus ovejas están muriendo por falta de agua, solo mantienen en pie sus caballos porque los necesitan para ir a la guerra.


Se quedaron mirándola incrédulos por lo que estaban escuchando, era la primera vez que ella exponía tan claramente sus ideas.


Ana continuo :nuestro pueblo aun sigue comiendo, no con la misma abundancia, pero según pude observar también paga sus impuestos rigurosamente, a no ser que ustedes me hayan mentido durante todo este tiempo. Entonces no es necesario que hagamos una alianza con Hermes, díganle que para mi es un honor que el quiera la mano de mi hija y que desee tan desinteresadamente ayudarnos, pero es mi obligación continuar con la voluntad de mi padre y mi abuelo de no unir nuestro reino a ningún otro. Cuando finalizó su discurso se retiro a sus aposentos, no dejo a ninguno presentar sus argumentos para tratar de convencerla. Ella había escuchado al oráculo y estaba segura de su decisión.


En los días subsiguientes, desfilaron por su salón de té todos los consejeros, tratando de convencerla, los despedía diciéndoles vean como haremos para enfrentar lo que se avecina. Espero su respuesta al final de la semana.


Mientras tanto ella se reunía cada noche con los generales al mando del ejercito y de la marina sin que Aristóbulo o algún otro ni siquiera los sospechara. Entraba en la taberna a las afueras vestida de aldeana con la capucha de su capa cubriéndole la cara y subía a las habitaciones del capitán, allí formulaba la estrategia a seguir en la guerra que se avecinaba y que sería inevitable. En esa habitación se tejía el destino del reino.


Envío a Alegra al Monasterio, a cargo del Abad que la defendería con su propia vida si fuese necesario. Allí la ocultaron porque estaban seguros que los consejeros tomarían alguna medida desesperada cuando vieran peligrar sus tierras, sus riquezas y sus vidas con una guerra. Día a día seguían insistiendo que era la única solución. No se le ocurría ponerse frente a las tropas a organizar y lo hacían porque Ana se encargaba de que siguieran pensando que ella no se daba cuenta del peligro. Pasaba el día en el salón del té con sus amigas y de vez en cuando recibía a alguno de ellos a quien escuchaba con cara aburrida. Salían de ese salón desesperados.


Mas se desesperaron la mañana cuando se dieron cuenta que Alegra no estaba en palacio. Preguntaban a todos y cada uno, la nana lloraba desesperada suponiendo que habían raptado a la princesa, fueron a contarle a Ana las buenas nuevas y ella comenzó a los gritos, se organizo una búsqueda. Cada consejero al frente de un grupo de soldados


Cuando volvieron, al caer la tarde, Ana los esperaba en la sala del consejo. Todos traían las mismas noticias, ninguno pudo encontrar a Alegra , preguntaron a todos los que fueron encontrado por el camino, nadie la vio. Pero estaban nerviosos y asustados porque además de no encontrar a la princesa, los que mas se alejaron vieron entrar las tropas de Hermes en sus tierras. Eran cientos. Se miraban entre ellos preguntándose que hacer, sin la princesa, no quedaba mas remedio que enfrentarse a la realidad, esa realidad tan temida.


Ana sentada a la cabecera de la mesa escuchaba las noticias en silencio, espero que llegara el último de sus consejeros. Todos escucharon cuando se cerraban las puertas con golpes secos y vieron entrar la guardia real que los rodeó, cada uno de los consejeros tenía dos guardias armados detrás. El capitán a cargo detrás de la reina. Ana de pie les dijo: en momentos extremos hay que tomar medidas extremas, ustedes los caballeros de mi reino, de quien esperaba defendieran estas tierras con su propia vida, solo intentaron convencerme de entregar todo a un rey que desde siempre ha deseado ocupar el trono de mi familia. Ninguno de ustedes se acercó para sugerirme como nos armaríamos para enfrentar esta guerra. Antes de pelear la primer batalla estaban vencidos. Privilegiaron su bienestar y riqueza al bienestar de nuestro pueblo. Es por eso que me veo obligada a tomar estas medidas drásticas.


Los consejeros fueron llevados uno a uno a los calabozos debajo del castillo. Ana se aseguro que ninguno de ellos pudiese informar de sus planes al enemigo. Esta era su guerra y ella la pelearía de frente hasta el final, fuese cual fuese.


Estamos listos para salir de palacio a enfrentarnos a un enemigo superior en fuerzas.


Los aldeanos fueron replegados hasta los confines del monasterio, el abad se encargaría que mujeres y niños estuviesen cuidados y protegidos. Los hombres fueron llamados a empuñar las armas.


Se podían ver desde el castillo las columnas de humo. Estaban incendiando todo a su paso.


Ana frente a sus tropas cumplió hasta el último detalle de la estrategia que armaron en la habitación de la posada.


Ana montó su caballo negro, tan negro como la noche, todos montaron con ella, dio la orden de abrir las puertas y bajar el puente levadizo. Sus tropas se desplegaron detrás en formación. Se podía ver al enemigo en frente con las primeras luces de la madrugada, venían a galope tendido decididos a matar o morir. Nos llamo a todos la atención cuando vimos a Ana asirse de la bandera levantarla haciéndola flamear. Fue sorpresivo, el tronar de cañones enfurecidos disparaban sin cesar, no podían ver desde donde los estaban atacando. Observábamos incrédulos el pandemónium.


Lo que nadie podía saber es que las naves navegaron de noche con el viento del Guadarrama soplando, en medio de la oscuridad de la noche se internaron en las aguas ubicándose en lugares impensados por los enemigos y por nosotros, fue una maniobra arriesgada.


Voltee la cabeza para mirar a Ana, ella solo sonreía.




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