sábado, 4 de mayo de 2013

Un viaje, by Mery

Hacia unas semanas que estaba en Sonsonate ese lugar inhóspito en El Salvador, perdido en el mapa y que solo sus habitantes saben que existe. 
Esa semana había estado averiguando como ir hasta Antigua en Guatemala, me hablaron mucho de ese lugar en el Salvador y sentía la necesidad de ir. 
Aquella mañana me levanté temprano, llovía , esa lluvia tropical que en instante te cala hasta los huesos, y al siguiente un sol brillante hace que tu ropa despida ese humito de la humedad indicando que se está secando. 
Me levanté decidida a partir como fuese, pregunté en el hotel si alguien sabia como llegar y me miraron como siempre me miraban, con una mirada absorta que parecía atenta, pero que no entendían absolutamente nada de los que estaba diciendo. Todos hablamos castellano pero no nos entendemos unos a los otros , nosotros , los argentinos hablamos tan rápido que no permitimos que los que nos están escuchando procesen la información, y se nos quedan mirando con la vergüenza de decir no entendí nada de lo que dijiste. Así que con mi mochila al hombro salí a la búsqueda de algún medio de transporte que me llevara a destino. Pensé en alquilar un auto, pero fue el pensamiento de un instante, fue una especie de delirio pretender encontrar en ese lugar un auto para rentar. Llegué a la terminal de colectivos , allí me enteré que el único colectivo que sale hacia Antigua , había partido temprano por la mañana. Y si, así viajo yo, sin planificar nada, absolutamente nada , siempre me arrepiento en el momento, pero indefectiblemente hago lo mismo en el próximo viaje.
Taxi a la frontera, cruce caminando, entré en Guatemala y me trajo tantos recuerdos olvidados de otra frontera, otro lugar, otro país. Me sorprendió encontrar una oficina de informes donde un joven muy educado me dijo: tome ese micro que esta ahí , bájese en un pueblo que no recuerdo el nombre, y de ahí suba al otro micro que la llevara a Antigua. Me saqué el reloj, lo guardé en el bolsillo de esos pantalones que me acompañan desde hace años y si hablaran contarían historias, quizás hasta recuerde cosas que yo ya he olvidado.
Allí fui, subí al micro donde lo único que faltaban eran gallinas poniendo huevos. Me senté dispuesta a disfrutar del paisaje. Cuando salimos a la ruta se desató una lluvia furiosa y alrededor verde, selva, ruta, olor a vegetación mojada.
Cuando bajé del colectivo para hacer transbordo, a veces me río de mis propios pensamientos, trasbordo es demasiado decir. Entre en otro mundo , otro siglo, otra vida, escaparates revestido son bolsas de plástico negras, esas que usamos para la basura del consorcio. Vendían todo lo que te imagines choclos, comida, frutas, zapatos, ropa, cacharros, yuyos y esos olores exacerbados por la humedad donde se mezcla todo el olor de tierra, los fritos, los asados, la transpiración , los orines, un sahumerio, olores indescriptibles. Mirabas alrededor y había niños corriendo, jugando con perros vagabundos, barro , lluvia y levantas la cabeza, cerros , verdes, verdes opacos, brillantes, casi marrones y esas miradas torvas que me miraban pasar, preguntándose quizás que hace esta gringa aquí.
Así, chapoteando, mojada, preguntado, llegué a subir al otro micro. Idéntico al anterior. Salimos a la ruta y otra vez llegó a mi corazón esa sensación que despierta cuando ando por esos caminos de Dios: tengo en mis bolsillos todas las tarjetas de crédito, dólares, celular, laptop, seguro de salud y para que? En estos lugares nada de esto sirve, siempre tengo esa sensación de desprotección , indefensa es la palabra correcta. Soy la única extranjera en ese micro, me miran extrañados nadie se acerca a hablarte, son reservados, desconfiados, vergonzosos, tímidos, callados, resignados, hoscos de miradas torvas. Si en esos lugares alguien se acerca a hablarte te preguntan de donde sos y decís Argentina, solo en ese momento es cuando la mirada cambia y susurran Maradona, grande el Diego, si supiera cuanta gente conocí por él es un recurso infalible, el gol con la mano a los ingleses, te permite entablar una charla con cualquiera , con una sonrisa cómplice, menos con los ingleses , por supuesto.
En esos pensamientos discurría mi mente cuando el micro se detiene, llegamos a Antigua, Guatemala, bajé caminé unos pasos , surgió en mi una emoción tan grande que luchaba porque no saltaran las lágrimas detrás de los anteojos negros, y tenía que dejarla salir porque era esa emoción que te ahoga. Pocas veces me pasó y cada vez que recuerdo esos lugares me despiertan una sonrisa y la necesidad imperiosa de volver.

Eran las siete de la tarde, había salido temprano, estaba cansada tendía que encontrar rápidamente un lugar donde pasar la noche, pero ese lugar es mágico , seguí caminando por las calles, mirando la gente pasar, algo me llamaba la atención lo sentía en cuerpo, pero no podía darme cuenta que. Me senté en el banco de una plaza y comencé a observar, rubios, altos, blancos, hablando ingles, francés, alemán se mezclaban con los pueblerinos era tal el contraste que te invitaba a seguir mirando y mezclarte entre ellos. Eso me llamó tanto la atención , no me esperaba encontrar ese crisol de razas en ese lugar que jamás había escuchado nombrar acá en este país al sur del mundo.

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