jueves, 1 de agosto de 2013

El bar de los violines (by Sol)


Este es el violín más pequeño del mundo tocando para las camareras, me dijo susurrándome al oído.

Algo curioso sucede ni bien el bar cierra sus puertas.

(presioná play)



El abandona la barra, toma su instrumento, lo recorre con sus dedos y apenas desliza el arco en las cuerdas, ellas parecen caminar en papel de seda, el aire se pone más liviano, los movimientos se suavizan, el cansancio se olvida.

Fijate como limpian las mesas, acariciándolas- me dijo- los trastos se van ordenando de a poco, sin chocar las copas, casi al ritmo de los pensamientos que entran en letargo para más tarde.

El tiempo es más lento, los ánimos se entregan, el oído disfruta esta danza etérea de sonidos largos. 

Me quedé en silencio, abstraída en esa magia intangible, inundada de paz.

No sé cuánto estuve así. La única taza de café que quedaba en las mesas era la mía. Las luces se apagaron y una luna nublada se apropió de las ventanas. Una musa rubia me tocó suavemente el brazo.
   
             -- Te quedaste dormida -  me dijo. 

        -  Y el músico? – le pregunté - el del violín! – insistí.

     Ella dudó un instante.

  -  Te gustó?

  - Si, claro, pero donde está? 

  - Y donde está la música? - me retrucó- alguna vez la viste? Alguna vez te lo preguntaste? Importa realmente? En el reverso de la vida, cuando uno comprende que todo tiene su ritmo, que cuando   algo concluye, algo empieza, se aprende a disfrutar la melodía.       

Y entonces, el violín volvió a sonar. Afuera llueve y las gotas se agolpan en el vidrio, dibujando rebeldes pentagramas. La noche invita otra vuelta. 

Sol
31/07/2013