sábado, 27 de julio de 2013

Ausencia, by Sol

Actuar. Fingir. Repetir las escenas amorosas, irlas perfeccionando, recordar también las escenas violentas: tensar con fruición las dos cuerdas, la del amor y la del odio una y otra vez, una y otra vez, todas las que haga falta porque el OTRO no está.

Construir un ahora que se escurre como agua entre los dedos en un océano de pasado profundo y oscuro.  Y que me importa el recuerdo, si el ayer se inscribe con la impronta del presente, pensando en un mañana que ya no tendremos. Y cerrar los ojos, vencida. Soñar esa vigilia que detiene el tiempo, que lo confunde y lo envuelve en la espesa bruma del dormir.

Y despertar.  Y aferrarse como náufrago sedienta de realidad  a esos pedazos de memoria que flotan en el olvido. Y puta madre… sale el sol. Y de nuevo subirse al bote de la rutina, sin rumbo, hacia ningún lado. Navegando las aguas seguras del trabajo, remando las horas que me separan de las seis.

Volver a casa  e imaginar una discusión porque hoy es viernes y vas a llegar tarde porque te fuiste a jugar al fútbol con tus amigos… y paso la puerta y me recibe el silencio. Tu bolso, sigue ahí, como lo dejaste preparado la última vez.  No me atrevo a tocarlo. Porque si lo hago, si lo desarmo, me voy a desarmar con él. Prefiero odiarte. Prefiero recordar las veces que discutimos por pavadas, y las ganas que me daban de echarte a patadas.


Prefiero fingir que estoy enojada.  Prefiero no ver. Prefiero pensar que viajaste de apuro y no hubo tiempo de despedirse. Imaginarte  soldado en una guerra inexistente, en un país lejano… prefiero que me hubieras dejado por otra, mirá lo que te digo. O que fueras gay. O monje. Preferería mil veces que estuvieras preso, o encerrado en un manicomio. Incluso… leer tu nombre en los diarios, en un accidente e ir los domingos al cementerio, y llorar en tu lápida, saber que por lo menos tus huesos, están un poco más cerca de los míos.  

Cualquier cosa es mejor que saber que hoy es viernes, el mismo maldito viernes de hace 35 años, cuando pasaste a ser un desaparecido más. 

Sol
04/07/2013

Loco amor, by Sol

¿Me querés decir que escribir el amor es estar loca? No lo imagino, lo siento en grafos. Pasa de mi corazón a mis manos para garabatearlo en un papel.  Sé que ese hombre que tengo dentro, que se dibuja en la hoja en blanco, existe allá fuera.  Está viviendo su vida a través de mis palabras. Y cada frase lo acerca a mí. El no lo sabe, pero vendrá. Como un perro perdido encontrará el camino a casa.  Lo llamo sin que lo sepa.

No me digas que no existe, cómo podrías saberlo? Para el caso, prefiero vivir así, enamorada de él, saberlo lejos y cerca a la vez. Prefiero eso, eso a estar como vos, amargada y despotricando diciendo que todos los hombres son iguales. No lo son. No es así. El es diferente.  Mi realidad es esta ilusión. Y prefiero esta linda ilusión a la tuya, que destila veneno y amargura. Si, no me lo digas, ya sé que tengo 90 años y que es probable que pronto muera.  Ya mandé a escribir mi lápida, como si fuera él.  Al menos, si no pudo acompañarme en vida, lo hará después. Nada más eterno que este amor muerto. 

Sol
4/07/2013

Umbría, by Sol


Hacía tiempo que no escuchaba nada de ese lugar. Es como restaurar un back up en la memoria.  Qué será eso que a uno le hace olvidar? Umbría…

Al instante, como aparece un dibujo al unir los puntos, todo volvió intacto, el perfume de los eucaliptos con ramas desfallecidas al costado del camino, el sol colándose entre las hojas y las sombras largas del verano. El arrullo de las olas. Las playas grandes y desoladas. El rincón exacto donde te conocí. El único rincón de ese desierto salado de médanos, entre paredes de arena, pinos y esa gran ventana el mar.

No te volví a ver. Qué extraño recordarte hoy y así. Qué lindo saberte tan intacta de perfumes y colores en mi recuerdo. Qué saludable, sentir el golpeteo en mi corazón después de tanto tiempo. Cuanto habrá pasado 50 o 60 años?  Mucho tiempo, demasiado tiempo. Que puedo darte? Que puedo ofrecerte ahora mejor de lo que fue?...

Hola Juan, soy Verónica, de Umbría… te acordás?

Ud. disculpe, pero está equivocada... no soy quien busca.

Sol
18/07/2013


El regalo, by Sol

Una mujer camina lento por la vereda, a contramano del caótico tránsito peatonal. Nadie nota su presencia, más que para esquivarla, pero da lo mismo que sea un mástil, un tacho de basura o una mesa de bar. El centro de la ciudad, a la hora pico, es el mejor lugar para pasar desapercibido, aunque uno vaya en sentido contrario.

Sus ropas sencillas, el semblante curtido y el cansancio que arrastra sus pies, no logran opacar el brillo de sus ojos negros.  La noche tiñe de azul,  la ciudad prepara sus galas encendidas, los comercios cierran las puertas del descanso y de a poco, la procesión de autos estira sus filas raleando su paso al ritmo del reloj de la catedral. Ella sigue allí, deteniéndose varias veces en la misma cuadra, desanudando bolsas como tesoros olvidados. 

Hace frío, su carro está lleno y cuesta empujarlo. Es hora de volver. En la esquina, detrás del vidrio de un bar, un grupo de mujeres canta el feliz cumpleaños. La agasajada sonríe y sopla las velas. Ella mira hacia arriba, cierra los ojos y pide un deseo. También es el suyo. Algo simple, Dios, un beso, un abrazo, una flor. Algo que le recuerde por que festejar. Se queda un instante así, contagiada de alegría ajena.

Detrás, una pareja discute acaloradamente. Ella lo insulta, arroja algo al suelo, cruza a mitad de la calle y para un taxi. El hombre intenta detenerla, pero ella se suelta y se va. El maldice y camina hacia el lado contrario.

Allí está, su regalo de cumpleaños, desmayado en el asfalto esperando su socorro. Seis tulipanes blancos, envueltos en papel de seda.  Uno por cada década vivida. No alcanzó a ver que el semáforo estaba en rojo. Tampoco oyó la frenada y apenas si sintió el impacto. Llegó a abrazar el ramo, agradeció en silencio y un millón de estrellas secuestraron su alma del suelo.

Los tulipanes deberían estar encerrados, como animales peligrosos (Sylvia Plath)

Sol
25/07/2013