miércoles, 19 de marzo de 2014

El perfume - by Sol

En ese entonces, San Justo era campo y los disgustos duraban poco. Lo único predecible, eran los ocasos y los amaneceres.  Los animales andaban por ahí y eran muchos. A veces había luz, y a veces no.

Cierro los ojos y puedo oler la dama de noche en verano, que florecía a borbotones después de las ocho, cuando la primera estrella le guiñaba el ojo desde arriba.

Y si me concentro, puedo escuchar el arroyo que ahora corre bajo el asfalto de la avenida. 

Pero en esa época… ay! Se oía apenas en los días lindos, pero cuando llovía… cuando llovía era una fiesta. No te miento si te digo que rugía igual que una catarata. Cuando veíamos las nubes negras mi viejo nos decía: prepárense. Ahí nomás, salíamos corriendo con mi hermano a buscar a la vacas… las vacas son así, miedosas, igual que mi madre. Se atontan en las emergencias. Así que íbamos con Azabache, un perro cuzco y ladrador que las ponía en vereda
enseguida para guiarlas a la parte más alta del monte.

Vos no habías nacido. Y ya sé. Ni te importa lo que te estoy contando.

Tampoco recordás que soy tu abuelo. Acabás de tirar todas las fotos viejas que guardó mi hijo –tu viejo- en ese baúl durante tanto tiempo.

Removés recuerdos con la misma dejadez de quien barre un basural. Soy un espíritu viejo, ya sé.


Viejo como esta casa que vas a demoler junto con mi memoria.  

Esperá. Espera un poco. Antes, dejame oler por última vez esa flor blanca, que brota ahí en esa herida abierta en la pared… justo a la ocho. 



Sol
18/03/2014

martes, 18 de marzo de 2014

Fotografía (by Sol)

Entonces Juana miró a su hombre que dormía, miró la cama que compartían. Miró por decir así, a su vida, y pensó: lo estoy siguiendo como una perra.

No siempre fue así. La foto enmarcada en la pared decía otra cosa. Y en cada discusión, ella se refugiaba en ese instante atrapado en papel, como si mirándola pudiera contagiarse de ese testigo mudo de que la felicidad existe.

Nadie retrata la violencia y la cuelga en las paredes. La mentira, en una casa, es necesaria. No así los espejos. Hace tiempo que los guardó en el placard como trapos arrugados. Ella también… ella también estaba arrugada. Lo sentía cuando se secaba las lágrimas con las manos y las muy putas se escabullían por las grietas donde se acumula el rimmel.

La maleta olía a rancio. Se dio cuenta cuando esa mañana la sacó a ventilar. Nico ni se molestó en preguntar que hacía aquel armatoste abierto en el patio. Tampoco preguntó cuando vio la ropa apilada y prolija arriba la cama. Solo la hizo a un lado para acostarse. 

Los perros no avisan cuando se van. Asi que ni siquiera, le dejó una carta.


Solo un hueco blanco en la pared, perfectamente dibujado justo debajo de un clavo desnudo y gris.



Sol
18/03/2014

lunes, 25 de noviembre de 2013

Ilusión (by Sol)

Si dejo la luz encendida ella va a saber que la espero.  Todos los días cuando sale de trabajar, pasa por la puerta de casa y me toca el timbre para dejarme el pedido.

Yo trato de estar a esa hora. Corro para llegar a esa hora a casa. No puedo dejar de pensar en ella todo el día.  Desde el bondi, llamo al almacén para pedirle cualquier boludez y le digo si me lo pueden entregar en casa. Primero lo hacía una vez por semana. Ahora llamo todos los días. Es como una obsesión: un cuarto de galletitas, medio kilo de queso mantecoso, la leche, el pan lactal… cualquier cosa. Cualquier cosa. Supongo que ella viene porque le dejo propina. Debe pensar que soy un chiflado porque pobrecita, me entrega las cosas, mira el piso me agradece y se va casi corriendo. Esos ojos tan negros, el pelo lacio, es igual, te juro que es igual a Natalia.

No me animo a preguntarle nada. Parece tan frágil que tengo miedo de romperla. Ni siquiera me animo a preguntarle el nombre. Mucho menos el apellido. No sé. Me agarra pánico. No quiero lastimarla. Mirá si es? Que hago si es? Mirá si ella no tiene ni sospechas?


No, no me animo. Pero lo peor, lo peor sería averiguar que esa chica no es mi nieta. Y caer otra vez en la desesperanza y el olvido. Prefiero seguir así, con la ilusión que finalmente la encontré. Total, ya me falta poco. Tengo 90 años. No quiero buscar más. Por ahí algún día, se apiada de este viejo y me deja ser su abuelo de prestado. Quiero llegar a la tumba, con esta mentira cierta. 

Total, que más da. 

Sol
21/11/2013

lunes, 21 de octubre de 2013

El libro - By Mery



Esta historia fue concebida hoy, en mi viaje en colectivo, volvía de dar clases y decidí tomar el 109 en Av. Córdoba, ahí, frente a Ciencias Económicas, en frente esta Medicina, en medio la Plaza Housay, caminando hay grupos de jóvenes con ambos blancos, otros con libros en la mano. Cuando miro esas caras llenas d esperanza y alegría me cambia el humor, mientras espero ese colectivo que no llega nunca, mientras tirito de frío recordando a la madre del colectivero.

Finalmente llega, subí, me quede parada por supuesto, y estacioné al lado del un señor que estaba leyendo y me inundo el olor del libro nuevo con esas pagina aún vírgenes de marcas y anotaciones. Siempre me llena el alma el olor de un libro nuevo, mis paseos por las librerías son interminables, recorro los estantes lentamente, los veo ahí, con sus tapas nuevas brillantes, duras o blandas, uno me llama la atención, leo la reseña, veo otro que parece que me estuviera llamando el mismo proceso lo tomo entre mis manos, acaricio sus tapas, lo giro leo el resumen, lo hojeo, leo algún que otro renglón al azar. Continúo mirando las mesas colmadas de ellos, dispuestos de forma de atractiva, me llaman, me chistan, me guiñan un ojo y ese aroma me sigue embrujando, llevo varios en la mano, y llega el peor momento, me tengo que despedir de alguno, los quiero todos, pero hay que elegir, y entonces dejo que uno me conquiste es ese, no se porque lo elegí, el autor, el dibujo de la tapa, el tema, el momento de vida, una música sonando, algo, no se que hace que sea ese el elegido y no otro.

Y cuando ya es mío, busco un café de esos tantos que hay en Buenos Aires, busco una mesa donde poder dedicarme a él, sin distracciones. Lo abro, comienzo de a poco esperando que me conquiste, me atrape y me lleve hacia el final, ese final desconocido que trato de imaginar, ese final, que cuando era adolescente leía en algún momento del transcurso del camino porque la curiosidad mandaba. Ahora, recorro el sendero lentamente, con placer disfrutando de ese nuevo amigo, que me acompañará durante días, semanas a veces meses, va conmigo en mis viajes, mis recreos en la plaza, una espera, un cigarrillo, una copa de vino, a veces es un amigo condescendiente, otras un amigo que discute, otras me enfrenta a mi realidad, y otras me aleja por caminos inimaginados de ensueños misteriosos

Pero siempre son caminos desconocidos que me llenan de expectativas y que nutren mi imaginación y mi alma.



Hasta que llego al final y me despido, lo cierro, lo vuelvo a mirar y ya no es el mismo que compré, ahora tiene alguna hoja doblada en un extremo, una escritura en un margen, se va a mezclar con otros de mis amigos, buscará su lugar en la biblioteca y algún día nos volveremos a encontrar y compartiremos otra copa de vino, otro cigarrillo y otro café en un bar.

I Ching - By Mery



Estaba leyendo esas líneas en el I Ching tratando de interpretar su significado para que me ayudaran a entender que había sucedido porque no lograba entenderlo por más que le diera vueltas y vueltas en mi cabeza.

Nada de lo sucedido indicaba que los hechos fueran los que fueron, todo paso tan de repente que aún no me repongo de la sorpresa y recurro a este libro que nunca entiendo que es lo que me quiere decir pero me distraigo un rato.

Cada vez que lo abro me pregunto, los chinos entenderán esto?, en ese momento tengo ganas de levantarme del sillón para ir hasta el supermercado de la china frente a mi casa y preguntarle de que me están hablando, cuando estoy a punto de levantar mi osamenta pienso: pero si a la china le entiendo menos que a este libro, al menos está escrito en castellano, ese pensamiento ridículo me hace reír a carcajadas. Hago todo el ritual tirar las monedas, escribir esas seis líneas en el papel, línea llena, línea partida, línea partida, línea llena y abro el libro en el hexagrama correspondiente.

Ventajoso al sudeste. Desaconsejable al noreste. Util ver a un gran hombre. Afortunada la firmeza.

El ratón no tiene nada que reprocharse. Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra. No duden de lo apropiado de sus actos las pirañas.

Por el momento no estoy en condiciones de hacer ningún viaje lo más lejos es Parque Centenario a unas cuadras de casa y nunca me pregunté en qué punto cardinal está, dudo poder encontrar ahí un gran hombre, los que veo pareciera que están lejos de serlo. Después de lo sucedido lo último que me queda es firmeza.

Cuando habla del ratón será alguna persona que no le gusta gastar un mango?. Conozco alguno.

No tiene mucho sentido seguir intentando. Lo cierro, al final como siempre me habrá cambiado el humor, cumplió su cometido, los derroteros de mis pensamientos cambian de rumbo y comienzo a ver las cosas desde un lugar más optimista. Porque he podido reírme de mis propias conclusiones de las cuales seguramente los chinos también se reirían a carcajadas.



Leon Arellano - By Cloe

León Arellano se sentía el dueño del mundo, el más gigante, él
"elegido", si bien no era religioso. Era el líder indiscutido de lo
que denominaba su imperio: una casa modesta, los caballos, las vacas,
y su hijo. Su mujer había muerto hace unos años y su recuerdo no había
tardado en marchitarse junto a ella. Será que su corazón, el de León
digo, enfrío repentinamente, pues para su hijo ella era un refugio
para tanto dolor. Jaime vivía en la penumbra, detrás de los telones,
asegurándose de que todo estuviese impecable. Y aunque todos sabían
que él era el artífice de tanta maravilla, pues el campo se mantenIa
estupendamente,  todos hacían ojos ciegos y elogiaban a León, quien
solo sabía usar sus palabras en pos de un mando
déspota.
Supongo yo que todos eran muy sumisos.  O le tenían miedo: de aquellos que
paralizan, que logran que uno asiente la cabeza automáticamente ante
cualquier decisión. Mi padre decía: "la ignorancia es como la anestesia; solo nos duerme
momentáneamente".
Y fue así como todos se movieron hacia el costado y dejaron que León
tomara de a poco el control total del pueblo. Comenzó a codearse cn
los de más arriba, y eventualmente logró que los desplazaran uno por
uno. Y así, bàsicamente se autodenominó alcalde.  No le gustaba el
título de rey; sentía que era anticuado, y al no tener una reina,
pensaba que todo iba a ser un gran circo. Pero mansión no le faltaba, y
dinero menos.  Los impuestos crecían y nosotros, nada.  Se estableció
un absurdo toque de queda, pero nadie se quejó.  Recordaban allá, hace
setenta años cuando un borracho le mató la mitad del ganado a una familia,
y bueno, aquel recuerdo lejano los convencía.  También
estableció que debíamos entregar un 20% más de nuestra producción.
Nuevamente, mutis por el foro. Era León un líder impulsivo, violento, quien no pensaba en la manada.
Hacía grandes promesas que eran de aire.  Ya nadie las creía, pero
tampoco se esforzaban por reclamarlas.  Mi padre también me había
dicho tiempo atrás que desconfiara de alguien que tratara a su hijo
así, como si fuese un animal más.  Y recuerdo que también se lo había
comentado a quienes integraron la asamblea directiva, pero nadie le
prestó atención porque ellos, en el poder, tenían cosas más
importantes que hacer, aún más que restablecer la justicia.
Pero todos sabían la verdad, todos sabían que Jaime sufría muchísimo y que su bondad se había ido apagando hasta terminar preso del
anonimato, la inseguridad.
Pasaron tan solo unos cuantos meses, las estaciones se reprodujeron,
las agujas se marearon, y todo cambió. Las cosechas murieron, había
hambre, inseguridad, miedo.  Los animales eran huesudos y caminaban con
cuidado, temiendo hacer un paso en falso que terminara siendo fatal.
El pueblo había perdido su brillo, su inocencia, y las puertas de la
Asamblea se encontraban cerradas con un candado habitado por telas
arañas.
Todo había cambiado menos nosotros. Sumisos, miedosos, ignorantes. Y
así, la culpa caía más pesadamente sobre nosotros que sobre León.

Cenizas - By Cloe



Actuar. Fingir. Repetir las escenas amorosas; irlas perfeccionando. Recordar también las escenas violentas.


Tensar con fruición las dos cuerdas, la del amor y la del odio. El odio. Una y otra vez, una y otra vez. De nuevo. Todas las que haga falta porque el Otro, no está.


El Otro se marchó, así como si nada. Soplando las cenizas de lo que fue. Lo que no volverá a ser. Cenizas que eran un fuego; fuego que apagaba, como un manto, cualquier viento, cualquier hielo. Hielo es mi corazón ahora.


Miro atrás y todo es vivo; los colores, tu cara, tus besos, “tu mano sobre mi pecho que es mía”. Lo bueno no dura, dicen por ahí. Pero rompí mi cabeza contra la pared, esperando desmitificar aquella creencia urbana. Entré en un pasillo largo, y seguí; no miré atrás.


Hasta que me choqué.


Y te fuiste.


Tenían razón. ¿Quiénes? No sé. Todos. Menos yo.


Incrédula me dicen. Pero sigo tejiendo lo que se desvaneció entre mis dedos; no lo llegué a atrapar. Azúcar, arena, polvo. Y de repente, la nada frígida y total.


Te fuiste y duele.


Te fuiste y arde.


Te fuiste y me sumí en una agonía. Lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo; todo se potenció y mi hamaca va de un lado para el otro. Estoy arriba, creo que puedo tocar las nubes con las puntas de mis dedos fríos, hasta que de repente me alejo, cada vez más y más. Y vuelvo al piso, a la tierra seca, a la realidad.


Corazón que es de hielo. Frágil como el cristal. ¿Tan fácilmente lo dejaste caer? Junté los pedazos pero aún no tuve las fuerzas para armarlo de nuevo. Está guardado, esperando, esperando, esperándote.


Segundos que parecen minutos que se transforman en horas que se mutan en días, semanas, meses y el tiempo hace lo suyo, sin piedad, sin consuelo.


Creí haberte visto en la calle. Te diste vuelta, achinaste tus ojos: sí, era yo. Pero seguiste caminando y te ahogaste en el frenesí callejero. Huiste como un cobarde que no supo amar ni comprender lo que es el amor, la entrega total por el otro.


No vale la pena. Vos, que te fuiste. Vos, que me apuñalaste. Vos, que te robaste mi confianza, mi inocencia. Vos, que ya no sos nadie. Anónimo en el recuerdo; tu cara pintada de acuarelas se desvaneció por el caer de mis lágrimas.


Corté las cuerdas, y te dejé ir. Como una cucaracha que escapa sigilosamente, por el espacio pequeño entre mi puerta y la pared.


Pero mis alas están intactas. Vos escapá, que yo vuelo.

Una mujer sin problemas - By Cloe

Soy una mujer sin problemas.  Todos lo saben.  Y entonces, buscan mi compañía para charlar por las noches.”
Cortinas de terciopelo bordeaux, como un telón.  Luz tenue, sutil, aquella que abraza y esconde nuestras imperfecciones.  Ceniceros llenos de eso.  Hay una cama, pero bien podría ser un diván.  Y yo espero ahí, tirada, con una pose ya automática: las piernas cruzadas, mi cabeza- aturdida de tantas confesiones- descansando sobre mi mano.   
Entran, salen, entran, salen.  Gordos, viejos, petizos, pelados. Ricos, pobres.  Desesperados, todos.  Siempre se cae en lo mismo.  No buscan pasión; saben que acá el amor no está, que los eludirá.  Todo pasa muy rápido: es un trámite para los dos. Y, es que quieren llegar  con ansias a ese momento donde ya no hay misterios y entonces, pueden hablar.  Vomitar lo que está escondido en su laberinto mental.  Soledad.  Frío.  Infelicidad.  Soledad.  Desempleo.  Soledad.  Amigos que no contestan, familiares hipócritas, amores que no supieron ser.  Soledad.
Yo escucho, pero no aconsejo; no necesitan más.  Les doy ese espacio donde pueden, al menos por un rato, tranquilizar aquel grito desesperado.  
Nadie me pregunta cómo estoy, cuáles son mis problemas.  La realidad es que nadie quiere indagar en la soledad en la que está inmersa una puta.

Viajero - By Cloe

Hay algo muy sutil y muy hondo
en volverse a mirar el camino andado…
El camino en donde, sin dejar huella,
se dejó la vida entera
Desertores de la vida,
trapecistas sin rumbo,
Anónimos en la ruta,
Efímeros en el destino.
El polvo va, el polvo viene.
Castillos de arena que se derriten bajo el sol
Y se derrumban con el rugir de las olas
Que los muerden, los mastican
Antes eran algo: un desafío, un sueño, un paraíso
hoy, ya no queda nada.
Viajero. Nómade. Beduino. Todos partícipes de una misma calesita, que gira y gira. No espera, no mira, no se detiene. Pero las caras nunca son las mismas.
Pero yo tengo cara. Y en ella, hay surcos. Raíces que laten, palpitan. Tallados por el amor, que hizo que mis emociones bailen en carne viva.
Hundidos por las lágrimas, que quemaron mi piel, dejando cicatrices que nunca se esfumarán.
Yo tengo cara.
Yo tengo piernas, espalda, manos.
Yo tengo riñones, estómago. Pulmones.
Corazón.
Yo vivo y dejo que me vivan.
Yo vivo y nada más. O mucho más.
Soy un transeúnte.
Soy anónima.
Pero existo. Acá estoy.
Quizás me recuerden, quizás no.
Pero mi paso, mi baile, mi andar es firme, contundente, sincero, honesto.
Porque es mio, mio, mio.
Me marca a mí, a mí, a mí.
Que se borren mis huellas.
Que sople el viento y que las hojas barran lo recorrido.
Que el sol derrita, pudra y queme. Y que el frío congele, tiemble.
Que el tiempo haga envejecer. Y nacer.
Mi vida, no será en vano.

Volvi- By Cloe



"No nos une el amor, sino el espanto. Será por eso que te quiero tanto". Buenos Aires, volví. Buenos Aires, quizás nunca me fui del todo. Ciudad de mis afectos, de mis defectos. Ciudad que abandoné, aunque ella no pudo abandonarme a mí.


Me fui, allá por el 84. Ni la democracia bastó; será porque no rige en el amor. Me acogieron tierras lejanas, que no valen la pena nombrar, pues poco dejaron en mí. Quizás fue porque más allá de los kilómetros recorridos, tu mano nunca dejó de sostenerme. Y por eso volví: necesitaba saber si aquel apoyo era de piedra o de polvo. Si realmente estabas ahí o si era un invento de mi mente cada vez más demoledora.


Era una realidad opresiva, asfixiante, y entre tanto silencio apareciste, con tu paso fuerte y tu porte seguro. Mi realidad se desvaneció en la tuya; nos sumimos en un único andar. Eras mi espalda, mis suspiros.


Pero algo dejó de tener sentido y marché, si bien nunca logré pensar entre todo el frenesí. Calesitas, ruletas, agujas de reloj. Y corrí, ciega.


La yema de mis dedos respiran por los espacios entre las rejas. Si me corto, no importa. Mi sangre teñirá aquellas camparillas azules; ya manchó mi lágrimas. Crucé la esquina y entré. Allí estaban tus huesos que duermen hace más de treinta años.


Buenos Aires, te quiero así, de la misma forma en la que te odio. No hay afectos, tan solo mi cuerpo despojado, que no encontró destino donde seguir vagabundeando. Decí mi nombre, decí mi edad. No importa: los entes somos todos iguales.

jueves, 1 de agosto de 2013

El bar de los violines (by Sol)


Este es el violín más pequeño del mundo tocando para las camareras, me dijo susurrándome al oído.

Algo curioso sucede ni bien el bar cierra sus puertas.

(presioná play)



El abandona la barra, toma su instrumento, lo recorre con sus dedos y apenas desliza el arco en las cuerdas, ellas parecen caminar en papel de seda, el aire se pone más liviano, los movimientos se suavizan, el cansancio se olvida.

Fijate como limpian las mesas, acariciándolas- me dijo- los trastos se van ordenando de a poco, sin chocar las copas, casi al ritmo de los pensamientos que entran en letargo para más tarde.

El tiempo es más lento, los ánimos se entregan, el oído disfruta esta danza etérea de sonidos largos. 

Me quedé en silencio, abstraída en esa magia intangible, inundada de paz.

No sé cuánto estuve así. La única taza de café que quedaba en las mesas era la mía. Las luces se apagaron y una luna nublada se apropió de las ventanas. Una musa rubia me tocó suavemente el brazo.
   
             -- Te quedaste dormida -  me dijo. 

        -  Y el músico? – le pregunté - el del violín! – insistí.

     Ella dudó un instante.

  -  Te gustó?

  - Si, claro, pero donde está? 

  - Y donde está la música? - me retrucó- alguna vez la viste? Alguna vez te lo preguntaste? Importa realmente? En el reverso de la vida, cuando uno comprende que todo tiene su ritmo, que cuando   algo concluye, algo empieza, se aprende a disfrutar la melodía.       

Y entonces, el violín volvió a sonar. Afuera llueve y las gotas se agolpan en el vidrio, dibujando rebeldes pentagramas. La noche invita otra vuelta. 

Sol
31/07/2013

sábado, 27 de julio de 2013

Ausencia, by Sol

Actuar. Fingir. Repetir las escenas amorosas, irlas perfeccionando, recordar también las escenas violentas: tensar con fruición las dos cuerdas, la del amor y la del odio una y otra vez, una y otra vez, todas las que haga falta porque el OTRO no está.

Construir un ahora que se escurre como agua entre los dedos en un océano de pasado profundo y oscuro.  Y que me importa el recuerdo, si el ayer se inscribe con la impronta del presente, pensando en un mañana que ya no tendremos. Y cerrar los ojos, vencida. Soñar esa vigilia que detiene el tiempo, que lo confunde y lo envuelve en la espesa bruma del dormir.

Y despertar.  Y aferrarse como náufrago sedienta de realidad  a esos pedazos de memoria que flotan en el olvido. Y puta madre… sale el sol. Y de nuevo subirse al bote de la rutina, sin rumbo, hacia ningún lado. Navegando las aguas seguras del trabajo, remando las horas que me separan de las seis.

Volver a casa  e imaginar una discusión porque hoy es viernes y vas a llegar tarde porque te fuiste a jugar al fútbol con tus amigos… y paso la puerta y me recibe el silencio. Tu bolso, sigue ahí, como lo dejaste preparado la última vez.  No me atrevo a tocarlo. Porque si lo hago, si lo desarmo, me voy a desarmar con él. Prefiero odiarte. Prefiero recordar las veces que discutimos por pavadas, y las ganas que me daban de echarte a patadas.


Prefiero fingir que estoy enojada.  Prefiero no ver. Prefiero pensar que viajaste de apuro y no hubo tiempo de despedirse. Imaginarte  soldado en una guerra inexistente, en un país lejano… prefiero que me hubieras dejado por otra, mirá lo que te digo. O que fueras gay. O monje. Preferería mil veces que estuvieras preso, o encerrado en un manicomio. Incluso… leer tu nombre en los diarios, en un accidente e ir los domingos al cementerio, y llorar en tu lápida, saber que por lo menos tus huesos, están un poco más cerca de los míos.  

Cualquier cosa es mejor que saber que hoy es viernes, el mismo maldito viernes de hace 35 años, cuando pasaste a ser un desaparecido más. 

Sol
04/07/2013

Loco amor, by Sol

¿Me querés decir que escribir el amor es estar loca? No lo imagino, lo siento en grafos. Pasa de mi corazón a mis manos para garabatearlo en un papel.  Sé que ese hombre que tengo dentro, que se dibuja en la hoja en blanco, existe allá fuera.  Está viviendo su vida a través de mis palabras. Y cada frase lo acerca a mí. El no lo sabe, pero vendrá. Como un perro perdido encontrará el camino a casa.  Lo llamo sin que lo sepa.

No me digas que no existe, cómo podrías saberlo? Para el caso, prefiero vivir así, enamorada de él, saberlo lejos y cerca a la vez. Prefiero eso, eso a estar como vos, amargada y despotricando diciendo que todos los hombres son iguales. No lo son. No es así. El es diferente.  Mi realidad es esta ilusión. Y prefiero esta linda ilusión a la tuya, que destila veneno y amargura. Si, no me lo digas, ya sé que tengo 90 años y que es probable que pronto muera.  Ya mandé a escribir mi lápida, como si fuera él.  Al menos, si no pudo acompañarme en vida, lo hará después. Nada más eterno que este amor muerto. 

Sol
4/07/2013

Umbría, by Sol


Hacía tiempo que no escuchaba nada de ese lugar. Es como restaurar un back up en la memoria.  Qué será eso que a uno le hace olvidar? Umbría…

Al instante, como aparece un dibujo al unir los puntos, todo volvió intacto, el perfume de los eucaliptos con ramas desfallecidas al costado del camino, el sol colándose entre las hojas y las sombras largas del verano. El arrullo de las olas. Las playas grandes y desoladas. El rincón exacto donde te conocí. El único rincón de ese desierto salado de médanos, entre paredes de arena, pinos y esa gran ventana el mar.

No te volví a ver. Qué extraño recordarte hoy y así. Qué lindo saberte tan intacta de perfumes y colores en mi recuerdo. Qué saludable, sentir el golpeteo en mi corazón después de tanto tiempo. Cuanto habrá pasado 50 o 60 años?  Mucho tiempo, demasiado tiempo. Que puedo darte? Que puedo ofrecerte ahora mejor de lo que fue?...

Hola Juan, soy Verónica, de Umbría… te acordás?

Ud. disculpe, pero está equivocada... no soy quien busca.

Sol
18/07/2013


El regalo, by Sol

Una mujer camina lento por la vereda, a contramano del caótico tránsito peatonal. Nadie nota su presencia, más que para esquivarla, pero da lo mismo que sea un mástil, un tacho de basura o una mesa de bar. El centro de la ciudad, a la hora pico, es el mejor lugar para pasar desapercibido, aunque uno vaya en sentido contrario.

Sus ropas sencillas, el semblante curtido y el cansancio que arrastra sus pies, no logran opacar el brillo de sus ojos negros.  La noche tiñe de azul,  la ciudad prepara sus galas encendidas, los comercios cierran las puertas del descanso y de a poco, la procesión de autos estira sus filas raleando su paso al ritmo del reloj de la catedral. Ella sigue allí, deteniéndose varias veces en la misma cuadra, desanudando bolsas como tesoros olvidados. 

Hace frío, su carro está lleno y cuesta empujarlo. Es hora de volver. En la esquina, detrás del vidrio de un bar, un grupo de mujeres canta el feliz cumpleaños. La agasajada sonríe y sopla las velas. Ella mira hacia arriba, cierra los ojos y pide un deseo. También es el suyo. Algo simple, Dios, un beso, un abrazo, una flor. Algo que le recuerde por que festejar. Se queda un instante así, contagiada de alegría ajena.

Detrás, una pareja discute acaloradamente. Ella lo insulta, arroja algo al suelo, cruza a mitad de la calle y para un taxi. El hombre intenta detenerla, pero ella se suelta y se va. El maldice y camina hacia el lado contrario.

Allí está, su regalo de cumpleaños, desmayado en el asfalto esperando su socorro. Seis tulipanes blancos, envueltos en papel de seda.  Uno por cada década vivida. No alcanzó a ver que el semáforo estaba en rojo. Tampoco oyó la frenada y apenas si sintió el impacto. Llegó a abrazar el ramo, agradeció en silencio y un millón de estrellas secuestraron su alma del suelo.

Los tulipanes deberían estar encerrados, como animales peligrosos (Sylvia Plath)

Sol
25/07/2013


martes, 11 de junio de 2013

La cantante



Se llamaba Haydee, le decían la Gardela.

Caminaba sola por aquella calle oscura, la noche fue dura, lenta, sinuosa, agotadora. Se había comprado un vestido, el otro estaba tan gastado que era transparente, lustro los viejos zapatos con tacón muy alto, que habían pasado varias veces por el zapatero para que arreglara las marcas del tiempo.

El estaba acostado en el viejo camastro de su pieza en el conventillo, miraba el techo tratando de dormir agotado del dia e la fabrica limpiando los pisos y cargando bolsas, al menos la changa de ese día le había dado para comer a la noche un sanguche de milanesa completa y desayunar un mate cocido con pan a la madrugada siguiente antes del entrenamiento.

Esa noche ella cantaba en el viejo burdel de la Boca donde los jueves a la noche concurrían los niños bien. Dejaban buenas propinas, borrachos de alcohol, cigarros caros y mujeres baratas, con los labios pintados de rojo brillante, zapatos con taco aguja, que escondían su pobreza tras grandes sonrisas y vestidos gastados con remiendos disimulados en largas y llamativas bufandas. Las noches de jueves eran las mejores se aseguraban la comida de una semana con la guita que le esquilmaban a la muchachada que buscaba nuevas experiencias que las señoritas de sociedad no se las darían y esas mujeres les hacían creer que eran los mejores.

Los vecinos de la pieza de al lado no lo dejaban dormir, como tantas noches se trenzaban en una pelea interminable y comenzaban a los gritos cuando él llegaba borracho y al intentar abrir la puerta tratando de meter la llave en la cerradura de la pieza despertaba a su mujer y al crio que dormía en un colchón tirado al lado de la cama.

Cuando el piano comenzaba a sonar se hacía silencio en el burdel, era el preludio a que ella empezara a cantar con esa voz de zorzala que cautivaba a los presentes haciendo vibrar las fibras recónditas de los duros corazones de mujeres cansadas de acariciar y sonreír , fingiendo pasión para satisfacer las necesidades de los demandantes clientes. A esas mujeres, que noche a noche vendían su cuerpo y su alma, cuando la Gardela cantaba se les llenaban los ojos de lágrimas y recordaban que tenían un corazón, que alguna vez habían amado.

Terminaron los gritos de reproches, el llanto del niño, ahora podría dormir, el reloj sonaría a las cinco y quedaba poco tiempo, debía que descansar para enfrentar el día siguiente. Toda su vida había sido siempre igual, mendigando un poco de comida porque su madre con el trabajo de sirvienta no llegaba a alimentar a los nueve hijos que tenía. Dormían todos juntos en una pieza que su madre mantenía limpia y brillante. Ahora tenía la oportunidad de salir de esa vida y no la iba a desperdiciar por nada.

Haydee esa noche cantaba en el burdel de la boca, cuando él ganara esa pelea la sacaría de esa vida que ella odiaba pero era la que le daba de comer, le compraría una casita donde vivirían juntos. Hacía cuatro años la había conocido en el club, ella cantaba, lo había cautivado con su voz, durante un mes iba al club todos los sábado para escucharla cantar, era la única noche de la semana que se acostaba tarde. La miraba desde lejos con las manos metidas en los bolsillos, embelesado se olvidaba de todo lo malo que le había pasado en la vida. El último sábado de mayo cuando bajo del escenario se animo a hablarle porque había juntado unos mangos con las changas de la semana y podría invitarla a tomar un café. Ella le aceptó el café, se sentaron en una mesa del club alejada del gentío que danzaba y comenzaron a hablar, conversaron toda la noche, el no le dijo que tenía que volver a su pieza, que necesitaba dormir para estar descansado para el entrenamiento del día siguiente, y ella no le dijo que tenía que volver al conventillo porque la esperaba su hijo de siete años que lo dejaba durmiendo solo.

Cuando se separaron quedaron en encontrarse el sábado siguiente, ambos ansiosos esperaban ese día de la semana, el hizo lo imposible para juntar unos pesos para pagarle el café, esa vez le permitió que la acompañara hasta el lugar donde vivía, asi fue durante varios sábados hasta que se animó a darle un beso, fue un beso cariñoso, tranquilo, ese beso de dos personas que se conocen mucho y hace tiempo, ese beso con un abrazo desesperado, él le apoyo la cabeza en su pecho y ella se quedo ahí como descansando del cansancio del día, de la semana, de la vida. Se sintió protegida, cuidada, el era un hombre fuerte, de músculos entrenados, con una mirada triste, esa tristeza que da la pobreza. Ella nunca había sentido tanta calidez como en ese abrazo, quería que nunca terminara y el sintió una emoción que no sentía desde niño.

Porque recordaba esa noche en particular hoy?, el recuerdo no lo dejaba dormir y las horas pasaban.

Ella esa noche no canto como con la calidez habitual, estaba distraída, sería porque cantaba por primera vez en ese burdel?. Estuvo todo el día pensando en lo mismo, después de la pelea de Andrés esa vida terminaría, podría estudiar canto, perfeccionarse y cantar en los mejores clubes de Buenos Aires, se irían a vivir juntos a una casita que ya habían visto. Faltaba un mes. Habían esperado tanto esa pelea. Durante esos años charlaron, soñaron, imaginaron, no tenían dudas que ganaría y eso le cambiaría la vida a los dos.

Termino de cantar, salió a la calle apurada, quería llegar al conventillo lo más rápido posible, había ganado buen dinero, los jóvenes de la sociedad dejaban buenas propinas y el dueño del burdel pagaba bien la noche. Faltaba poco para no volver a ese lugar. Caminaba sola por aquella calle oscura, la noche fue dura, lenta, sinuosa, agotadora, no se dio cuenta que la seguían, sólo sintió un golpe muy fuerte en la cabeza y un dolor en el costado derecho donde están las costillas, se derrumbó en piso con un golpe sordo, le arrancaron la cartera, sangraba, se arrastró como pudo tratando de volver al burdel.

El se entero el sábado de lo que había pasado cuando fue al club para escucharla cantar y después tomar un café, cuando entro escucho otra voz cantando, le extraño, le preguntó al cantinero por ella. Salió desesperado y comenzó a correr a buscarla, llegó al conventillo agotado, golpeó la puerta llamando a Haydee con gritos desgarradores. Nadie le respondió. Estaban todos fuera velando a la Gardela.