Publicación de los cuentos cortos que escribimos en el taller. Tu comentario nos ayuda a mejorar. Muchas gracias.
lunes, 21 de octubre de 2013
Cenizas - By Cloe
Actuar. Fingir. Repetir las escenas amorosas; irlas perfeccionando. Recordar también las escenas violentas.
Tensar con fruición las dos cuerdas, la del amor y la del odio. El odio. Una y otra vez, una y otra vez. De nuevo. Todas las que haga falta porque el Otro, no está.
El Otro se marchó, así como si nada. Soplando las cenizas de lo que fue. Lo que no volverá a ser. Cenizas que eran un fuego; fuego que apagaba, como un manto, cualquier viento, cualquier hielo. Hielo es mi corazón ahora.
Miro atrás y todo es vivo; los colores, tu cara, tus besos, “tu mano sobre mi pecho que es mía”. Lo bueno no dura, dicen por ahí. Pero rompí mi cabeza contra la pared, esperando desmitificar aquella creencia urbana. Entré en un pasillo largo, y seguí; no miré atrás.
Hasta que me choqué.
Y te fuiste.
Tenían razón. ¿Quiénes? No sé. Todos. Menos yo.
Incrédula me dicen. Pero sigo tejiendo lo que se desvaneció entre mis dedos; no lo llegué a atrapar. Azúcar, arena, polvo. Y de repente, la nada frígida y total.
Te fuiste y duele.
Te fuiste y arde.
Te fuiste y me sumí en una agonía. Lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo; todo se potenció y mi hamaca va de un lado para el otro. Estoy arriba, creo que puedo tocar las nubes con las puntas de mis dedos fríos, hasta que de repente me alejo, cada vez más y más. Y vuelvo al piso, a la tierra seca, a la realidad.
Corazón que es de hielo. Frágil como el cristal. ¿Tan fácilmente lo dejaste caer? Junté los pedazos pero aún no tuve las fuerzas para armarlo de nuevo. Está guardado, esperando, esperando, esperándote.
Segundos que parecen minutos que se transforman en horas que se mutan en días, semanas, meses y el tiempo hace lo suyo, sin piedad, sin consuelo.
Creí haberte visto en la calle. Te diste vuelta, achinaste tus ojos: sí, era yo. Pero seguiste caminando y te ahogaste en el frenesí callejero. Huiste como un cobarde que no supo amar ni comprender lo que es el amor, la entrega total por el otro.
No vale la pena. Vos, que te fuiste. Vos, que me apuñalaste. Vos, que te robaste mi confianza, mi inocencia. Vos, que ya no sos nadie. Anónimo en el recuerdo; tu cara pintada de acuarelas se desvaneció por el caer de mis lágrimas.
Corté las cuerdas, y te dejé ir. Como una cucaracha que escapa sigilosamente, por el espacio pequeño entre mi puerta y la pared.
Pero mis alas están intactas. Vos escapá, que yo vuelo.
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