lunes, 21 de octubre de 2013

Viajero - By Cloe

Hay algo muy sutil y muy hondo
en volverse a mirar el camino andado…
El camino en donde, sin dejar huella,
se dejó la vida entera
Desertores de la vida,
trapecistas sin rumbo,
Anónimos en la ruta,
Efímeros en el destino.
El polvo va, el polvo viene.
Castillos de arena que se derriten bajo el sol
Y se derrumban con el rugir de las olas
Que los muerden, los mastican
Antes eran algo: un desafío, un sueño, un paraíso
hoy, ya no queda nada.
Viajero. Nómade. Beduino. Todos partícipes de una misma calesita, que gira y gira. No espera, no mira, no se detiene. Pero las caras nunca son las mismas.
Pero yo tengo cara. Y en ella, hay surcos. Raíces que laten, palpitan. Tallados por el amor, que hizo que mis emociones bailen en carne viva.
Hundidos por las lágrimas, que quemaron mi piel, dejando cicatrices que nunca se esfumarán.
Yo tengo cara.
Yo tengo piernas, espalda, manos.
Yo tengo riñones, estómago. Pulmones.
Corazón.
Yo vivo y dejo que me vivan.
Yo vivo y nada más. O mucho más.
Soy un transeúnte.
Soy anónima.
Pero existo. Acá estoy.
Quizás me recuerden, quizás no.
Pero mi paso, mi baile, mi andar es firme, contundente, sincero, honesto.
Porque es mio, mio, mio.
Me marca a mí, a mí, a mí.
Que se borren mis huellas.
Que sople el viento y que las hojas barran lo recorrido.
Que el sol derrita, pudra y queme. Y que el frío congele, tiemble.
Que el tiempo haga envejecer. Y nacer.
Mi vida, no será en vano.

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