Publicación de los cuentos cortos que escribimos en el taller. Tu comentario nos ayuda a mejorar. Muchas gracias.
sábado, 18 de mayo de 2013
A la carta - by SOL
A LA CARTA
Había una vez un hombre que siempre estaba deseando cosas… y otro, que era autoritario y hablaba en voz baja. Un día, se encontraron en un bar.
Y como en los cuentos, puede pasar cualquier cosa, vamos a imaginar que uno era mozo y el otro un cliente. Y bueno, vean uds.
Mozo: Sr. que puedo servirle?
Cliente: Traiga una carta.
Mozo: Ahhh, una carta… que lindo era antes, no? Cuando uno recibía cartas… me acuerdo que…
Cliente: Disculpe, pero no quiero conversar.
Mozo: Si, claro, Sr. Ya le traigo la carta.
El cliente abre su notebook, una hoja en blanco del Word y empieza a escribir:
“8 de noviembre. Bar. Ya es de noche. Me cuesta creer que me dejó. Es la tercera vez en mi vida que una mujer me deja. Pero lo peor no es eso, sino su última frase: Sos muy…”
El mozo interrumpe.
Mozo: Delicioso. El plato del día es un manjar. El Sr. desea cenar? Si yo fuera ud…
Cliente: Si ud. fuera yo, seguramente querría estar solo sin que lo interrumpan.
Mozo: Si claro. Es que son casi las once de la noche e imaginé que tendría hambre… No se lo tome a mal, pero se vé algo cansado… Cuando yo estoy así a mi me gusta que…
El cliente extiende la mano, sin mirarlo. El mozo le alcanza la carta y de paso, espía de reojo la notebook.
Mozo: Una carta! Mire que casualidad, justo conversábamos sobre eso…
El cliente baja la tapa de su notebook, visiblemente molesto. Abre la carta que le ofrece el mozo y ordena automáticamente sin leer.
Cliente: Tráigame cuatro empanadas de carne.
Mozo: Me gustaría insistir con el plato del día…
Cliente: Y a mi que no lo haga.
Mozo: Si, claro, lo que ud. ordene.
“Maldito mozo”. El cliente abre nuevamente su notebook y prosigue con su escritura: “… sos muy autoritario. Vos no necesitás una mujer sino un súbdito.”
Hija de puta. Me dijo en una frase lo que me costó años de terapia averiguar. Hasta el pelotudo del mozo que me está atendiendo se dio cuenta… “lo que ud. ordene…” Maldición maldición, maldición! Supongo que el imbécil de mi terapeuta tenía razón. Abandoné el diván el mismo día que el muy caradura se atrevió a decirme eso. Con lo que le pagaba!!!! Acaso no le habían enseñado en la facultad que el cliente…
Mozo: El cliente siempre tiene razón. Le traje las mejores empanadas de carne de Buenos Aires.
El mozo apoya el plato justo en el hueco que dejaban la notebook y sus brazos. Lo único que le faltaba era un mozo pitoniso. ¿Tan obvio estaba resultando? Sintió ganas de hacerle tragar una por una las empanadas a ese mozo de mierda. Levantó la empanada como si fuera arrojarla, pero algo lo detuvo: Recordó una frase que había leído en un grafiti antes de entrar: “Si esperas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Su terapeuta, la muy conchuda y ahora este pelotudo de moño… Indudablemente, algo estaba haciendo muy mal.
Todavía con la empanada en el aire y el mozo mirándolo con cara de susto, reflexionó, y lo más pausado que pudo le dijo:
Cliente: Por favor, si tiene un minuto, siéntese aquí. Disculpe, tuve un mal día. Que me decía de las cartas?
Con la mano libre, sacó una servilleta del servilletero, la puso en la mesa y apoyó la empanada. El mozo, aún perplejo, no se animó a desobedecerlo… además, él también tenía hambre.
Y colorín colorado… en los cuentos, en tres minutos, los ogros son domesticados.
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