domingo, 26 de mayo de 2013

Una cronista Azucena Morelli, by Cloe



Azucena Morelli tenía ese qué se yo que la hacía parecer una tonta. Quizás era el pelo, rubio y ruloso, que le tapaba la oreja derecha.
Azucena Morelli sabía cómo mutar en diferentes personajes. Ser cronista, hoy, no es fácil. Nunca lo fue, ahora que lo pienso. Los mismos enigmas perdurarán, dotándole así a la profesión una dulce adrenalina. Cómo ganar la confianza de un total extraño, y lograr que me diga aquello que mi lector quiere saber. Cómo frenar que mi subjetividad chorreé, diluyendo la verdad de los hechos (sería un pecado darle a la historia un agregado irreal, artificial; los hechos hablan por sí solos). Cómo transmitir, hacer sentir, conmover mediante algo que uno no vivió (la crónica transmite verdades ajenas). Cómo ir sin temor a cada lugar, a cada encuentro, aún sabiendo que están marcados por historias, en su mayoría, atroces, insólitas. Incluso macabras.
Ella tenía la capacidad de convertirse en la receptora ideal, según quien estuviese del otro lado del grabador. Y a veces daba esa imagen que encajaba en el típico estereotipo de "rubia tonta". Pero esa era su estrategia. Todos abusaban de esa imagen, la subestimaban, y sin darse cuenta, caían en su trampa. Hablaban sin autocensurarse, y las preguntas simples que formulaba Azucena le daban aún más espacio a los entrevistados para abrirse.
Azucena parecía una nena. No intimidaba ni a una mosca. ¿Quién callaría frente a una cara tan inocente y angelical?
Era el 2000. Silvina había acuchillado a su padre frente a su hermana, Gabriela, alegando que los había despojado del demonio. Gabriela estuvo luego en prisión, pero la soltaron. Ella, si fue culpable de algo, fue de haber visto esas puñaladas agonizantes, que la atormentarían por siempre.
Ahora era el 2002. Azucena había investigado incesantemente el caso. Sabía que gran parte de los medios habían teñido al hecho con las trampas amarillistas. "Acuchilló a su padre porque vio al diablo", "Su padre fue víctima de un rito satánico", leían los titulares. Pero Garbiela había sido muy clara: "A mi hermana le agarró la locura".
Azucena tocó el timbre de aquel departamento de microcentro. Sabía que Garbiela era inocente, pero todo lo ocurrido le daba a aquel momento un olor a sangre seca.
Tocó la puerta. Antes, se había corrido el pelo detrás de la oreja izquierda.
"Pasá", dijo Garbiela. "¿Te estás re cagando de miedo, no?

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