jueves, 6 de junio de 2013

Decisiones - by Mery



Un golpe en la puerta que se cerraba, sonó como un disparo.

Aquel día había comenzado como otros tantos, se levanto temprano para ir a trabajar, desayuno, se cambio, el dormía, siempre había sido así, ella era la que se levantaba temprano y trataba de no molestarlo, en realidad también le gustaba estar sola por la mañana y disfrutar del silencio.

Salía temprano siempre a la misma hora, no sabía a que hora retornaba. Por la noche se encontraban en la casa donde vivían juntos, cenaban, se acostaban, miraban un rato televisión, ella se dormía y el continuaba despierto por unas cuantas horas mas.

Desde hacia unas semanas que lo veía raro, extraño, pero como siempre, cerrado, en un mutismo total, cuando ella se lo preguntaba se lo atribuía a razones laborales.

Aquel día llego más temprano que lo habitual, el estaba en casa, se sentó frente a ella, le dijo que hacia un tiempo que ya no se sentía cómodo con esa relación que quería separarse un tiempo y ver que le sucedía, que ya no sentía lo mismo, y todas las cosas que hombre le dice a una mujer cuando quiere dejarla.

Ella no quiso escucharlo, no podía entender que sucedía, lo miro, se sentó, pensó un rato que sería lo mejor, ese hombre al que tenía delante a quien amaba, no cambiaria de opinión, cuando quería algo lo hacía, no importaba lo que los demás pensaran.

Está bien, tomate el tiempo que consideres necesario y se fue al dormitorio, no pidió explicaciones, tampoco las quería, no necesitaba escuchar ,, en el fondo de su alma sabia que esto sucedería.

El también la conocía, sabía que ella no le pediría explicaciones, nunca pedía explicaciones de nada, dejaba que él le contara lo que quería contarle, nunca indago en sus cosas, nunca lo persiguió, nunca dudo, siempre creyó en todo lo que le decía, confiaba. Por eso se sentía tan mal, hacía mucho tiempo que la estaba engañando con otra mujer.

Una mujer distinta en todo, era lo que el necesitaba en ese momento de su vida, una mujer que no fuera tan independiente, que lo necesitara mas allá de lo afectivo, que su trabajo no fuese tan importante , que lo esperase con la cena , la mesa puesta. Ella no le daba ninguna de esas cosas, nunca se lo había dado, tampoco él se lo pidió, pero al conocer a Alicia todo eso se transformó en una necesidad y no quería dejar la oportunidad de tener lo que deseaba.

Estaba seguro de lo que estaba haciendo no dudaba.

Después de aquella corta conversación, cuando dejó su casa en la que habían vivido juntos durante quince años, no habían vuelto a hablar, él tenía que volver en algún momento a buscar sus cosas, se fue sin nada. No se animaba a volver a enfrentarla, decidió que lo mejor sería pasar por el departamento a la tarde, para no verla. Era una actitud cobarde, lo sabía, pero no tenía el coraje para enfrentarla.

A las tres de tarde llegó a la que fue su casa sabía que ella a esa hora no estaba, subió al ascensor sintiéndose culpable por lo que haría, pero estaba convencido, era lo mejor para los dos. Puso la llave en la cerradura intentó abrir la puerta, no pudo, había cambiado la cerradura?. Intentó nuevamente, efectivamente, cambió la cerradura. Sonrió, lo conocía tan bien, si quería sus cosas tendría que pedirlas, y volver a verla.

Se fue, sería difícil.

Cuando llegó a casa de Alicia, ella le preguntó, trajiste tu ropa? – . Le contó lo había sucedido, -que vas a hacer?, son tus cosas y tenes que traerlas – afirmó.

No entendía porque le costaba tanto llamarla, lo había intentado varias veces, pero cada vez que se enfrentaba al teléfono lo invadía un desasosiego que no podía explicar.

Alicia todas las noches insistía con lo mismo, era el único tema del que hablaban, insistía con mucho tesón que debía traer sus cosas y hacer la división de todo lo que tenían en común. –No puede ser que ella se quede con todo- repetía como un disco rayado.

Ella no había llamado ni una vez por teléfono. ¿Cómo estará?.

Al cabo de un mes había hartado de Alicia, no le alcanzaba todo lo que él había supuesto que lo haría feliz, no le alcanzaba, necesitaba otras cosas, extrañaba a su mujer.

Decidió ordenar su vida, alquiló un departamento donde vivir solo, tenía que recuperarla y para eso su vida debía estar en orden, ella no aceptaría otra cosa.

Dejar a Alicia no fue fácil, hubo llantos, crisis, desesperación, interminables llamadas por teléfono a cualquier hora, del día y de noche. No podía volver a Fernanda hasta no poder terminar con Alicia y eso no sabía cuándo sería, se presentaba a cualquier hora en su empresa, lo esperaba horas en la puerta. Si seguía así se volvería loco. El colmo fue el día que salía a una reunión con su secretaria y Alicia le hizo una escena de celos en plena calle a la luz de día en frente a varios de sus empleados que salían a almorzar.

Ese día, le dijo a la secretaria que suspendiera la reunión, tomo a Alicia del brazo , la subió al taxi que lo estaba esperando en la puerta, la llevó hasta su casa, cuando llegaron a la puerta la amenazó con pedir una orden de restricción si continuaba en la misma actitud, no podía seguir soportando a esa mujer.

Después de esa conversación con Alicia las cosas se fueron calmando de a poco no se presentó más en la oficina, ni en su departamento. Continuaba llamando, pero él no respondía a sus llamadas.

Habían pasado seis meses desde dejó a la que fue su mujer.

La llamó al celular varias veces, sin respuesta. Se lo merecía. Llamo a la oficina donde ella trabajaba. Lo sorprendió escuchar que no trabajaba mas ahí, ella amaba ese lugar.

Insistió en su casa al teléfono fijo, sin respuesta.

Finalmente decidió llamar a la mejor amiga de su ex, quedaron en encontrarse a la seis de la tarde. Se sentaron, pidieron una gaseosa cada uno, sin reparos le contó que estaba tratando de comunicarse con Fernanda. Lo que escuchó lo desbastó.

Después que él se fue, Fernanda se metió en la cama, lloró por horas, por días hasta quedarse sin aliento, le dolía el pecho, le dolía el alma. Un mes después de seguir viviendo y cumpliendo con todas sus obligaciones como un autómata, renunció al trabajo, canceló su celular, cerro las cuentas de mail, sacó un pasaje de avión, se fue, hacia meses que nadie conocía su paradero.



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