lunes, 3 de junio de 2013

Cita a ciegas, by Mery



Su charla, su compañía, nada, una mezcla de inutilidades y disparates que podían alargarse horas, un encaje de palabras tan finas que solo contenían vacios, estas cosas pensaba sentada frente a él y seguía divagando en mis pensamientos imaginando en el viaje que haría ese fin de semana mientras el mantenía un monólogo.

Porque había aceptado esa cita a ciegas que mi querida amiga Ana insistió en generar?. Aún no lo sé, creo que lo hice para que no siguiese insistiendo con lo mismo diciendo –Dale es un tipo para vos- ese es el momento en que una mujer debería declarase con gripe A y en cuarentena. No, no es el tipo para mi, es el tipo que tus amigas creen que es para vos, y están a diez mil kilómetros de distancia de lo que vos queres. A esa frase, la rematan con un -es bueno-, y si.., pensas -es bueno porque no mató a nadie-.

En esos pensamientos discurría mi cabecita mientras que mi rostro mostraba una sonrisa interesada cuando me di cuenta que se había hecho un silencio, no sabía desde cuando él había dejado de hablar. Me preguntó ¿y vos que pensás de eso?, le mostré una sonrisa mas grande, tome la copa de vino y me la lleve a la boca para tener el tiempo necesario de pensar en algo, rápido, velozmente, que le digo? Ya se!! –y vos porque crees que es así?, - le pregunté con la mirada fija en sus ojos mostrándome muy interesada en sus disquisiciones.

No termine de pronunciar la pregunta que le sonó el celular, gracias a los dioses del Olimpo, pensé, se olvidará del tema en el que estaba tan interesado y del que no escuché una sola palabra en cuanto vuelva a sentarse a la mesa. Y si, ni que fuera bruja, cuando se sentó comenzó con otro discurso al que traté de prestar atención, pero fue difícil. Mientras hablaba, y hablaba, cada tanto largaba un –entendiste?- y continuaba sin esperar ninguna respuesta.

En el que supuse era el último, -¿entendiste?- , hice lo que siempre quise hacer con los que te hacen esa odiosa pregunta, le contesté – la verdad? No entendí nada de lo que me dijiste- y sonrió mirándome como si delante tuviese la rubia tarada, que entre paréntesis ya entendí, la rubia, no es tan tarada..

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